La hipocresía de la izquierda del doblepensamiento

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Es difícil determinar cuánto tiempo se lleva diciendo en este país que hay tantas izquierdas que por eso no se ponen de acuerdo en hacer un frente común. En mi caso, llevo oyéndolo toda la vida. Y es que tenemos varias, como la que dice serlo y no lo demuestra, la que dicen que lo es pero no sabe nada de ideologías, la trasnochada que se quedó en el siglo XX, la transformadora, etc.


Pero hoy me llama la atención una en particular. Es una que normalmente suena, parece y hasta huele y sabe a izquierda, pero que no sabemos cuántas varas de medir tiene. Es una izquierda que no desea el independentismo pero que confunde la defensa del Estado de Derecho con la defensa de un Estado de derechas. Es la izquierda que ve lo mal que lo están haciendo los diputados del SI, pero no es capaz de reconocer en voz alta el inmovilismo, la inacción y la responsabilidad del Gobierno de Mariano Rajoy. La misma que sufría cargas policiales defendiendo a la clase trabajadora en huelgas y manifestaciones pero que cree que hablar de las cargas del 1-O es desviar la atención y que le quita importancia basándose en que “la culpa fue de los mossos” o en que “los independentistas siguen a lo suyo”. Es la que nos toma por tontos y cree que por condenar una cosa dejamos de ver otra.


Creo sin un atisbo de duda que las fuerzas y cuerpos de seguridad hacen a diario un trabajo encomiable, pero que en ciertas ocasiones escriben capítulos negros, que están ahí y que debemos conocer y evitar que se vuelvan a repetir. Lo más importante del desafío independentista está aún por venir, pero aquellas cargas fueron uno de los hechos más importantes del 1-O, porque dio alas a algunos y mostró el verdadero rostro de otros. Como esa izquierda, la de las dos varas de medir, la que le duele cuando le pegan y no le parece para tanto cuando son otros quienes lo sufren, la que cree ser la correcta (todas las ideologías lo creen en el fondo, si no nos pasaríamos a otra) pero de vez en cuando enseña la patita derecha.


Qué sabio es nuestro refranero y qué socorrido. Me viene ahora a la mente la expresión “ni tanto ni tan calvo”. Sigo pensando que la izquierda es la salida y no tengo intención de cambiar esa forma de verlo, pero a veces ni los “buenos” son tan buenos, ni los “malos” tan malos. Supongo que los años dan perspectiva y ayudan a ver que además de los fanatismos ajenos existen los propios. Como dije en un artículo anterior, es sumamente sencillo caer en el hábito de convertirnos en máquinas de repetición.

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