Cuando no hay izquierda transformadora la derecha se refuerza

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Hoy es el día de empezar a hacer números, de que calculadoras, hojas del cálculo e infografías en las redes sean las protagonistas en un día en el que los partidos hacen valoraciones y sopesan cómo está el mercado de pactos. ¿Y cuál es el resultado? Pues no es tan diferente y al mismo tiempo hay matices interesantes.

El PP se está frotando las manos; ha subido en votos y en escaños y aunque no ha sido suficiente para alcanzar una mayoría que les permita gobernar en solitario, seguirán vendiendo que son los ganadores. Pero no nos engañemos, sin la abstención del PSOE, Mariano no gobernará.

El PSOE se está dando con un canto en los dientes por mantener la segunda posición y al mismo tiempo tienen un arduo trabajo por delante, ya que pueden permitir o no que gobierne el PP y al mismo tiempo sus miembros tendrán que trabajar mucho para conseguir muchos apoyos si quieren que Sánchez sea investido Presidente.

En Unidos Podemos no ocultan su malestar. No han conseguido su objetivo, que no era derrocar a la derecha sino pasar al PSOE por la izquierda, para que al final no haya ni sorpasso ni izquierda. Lo de Podemos no sorprende ya a nadie, pero estos resultados confirman lo equivocado de la estrategia de IU, abandonando izquierda por populismo, subsidiándose a quienes ponen estrategia por encima de ideología. Si algo ha marcado a IU en su historia ha sido la defensa de sus ideas y dejarlas a un lado es lo que les ha dejado en su situación actual.

¿Y del resto? Pues poco que contar. Han mantenido bastante aproximadamente el número de diputados y, como siempre, la ley electoral favorece a quienes tienen números altos y a quienes no tanto pero los concentran geográficamente, véase por ej al PACMA, que con apenas 1367 votos menos que el PNV -ambos cerca de los 300.000- no ha obtenido representación, mientras que los nacionalistas vascos sentarán a 5 personas en el Congreso.

Sería fácil dejarme llevar por la bilis y exigir responsabilidades a quienes han propiciado que no hubiera una candidatura de la izquierda transformadora en estas elecciones, pero sucede que yo ya no soy de IU. Nos expulsaron -llamémosle desfederación, pero fue una expulsión- a más de 5.000 afiliados y afiliadas en la Comunidad de Madrid, metiendo en el mismo saco a quienes no estaban en las guerras internas, a quienes buscaban silla, a la vieja guardia y a quien de verdad se creía el proyecto de Izquierda Unida. Y para bien o para mal, no estoy en posición de exigir dimisiones a la dirección de una organización a la que no pertenezco más que a la dirección de otros partidos.

Lo que necesitamos es ver a la izquierda transformadora en las próximas elecciones, la de la calle, la que reconoce que sí es clase trabajadora, la que no usa las calles para dormirlas cuando ha alcanzado sus objetivos, la que está en los conflictos sociales incluso cuando no necesita pedir el voto o salir en una fotografía. Y para eso, debemos seguir avanzando por la izquierda. El proyecto que en su día representó Izquierda Unida no está muerto, solo que no lo representa quienes ostentan las siglas IU. La única tarea que hay por delante -y no más fácil por ser única- es la de mantener el espíritu transformador utilizando el pasado para aprender de él, no para vivir anclado en él.

Es la hora de La Izquierda, en mayúsculas, la de la lucha de clases, la única que realmente puede frenar a la derecha, esté a la altura. Es más necesaria que nunca.

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