Entre o salga, que IU sigue por la izquierda

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“Ganar lo local para ganar sillas”. Ese ha estado a punto de ser el título de esta entrada. En los años que llevo en Izquierda Unida he visto entrar y salir a muchas personas. Durante este tiempo –y antes, por lo que me cuentan quienes llevan más tiempo que yo-, cada crisis que ha surgido era la definitiva, el proyecto estaba muerto y los que estaban eran unos interesados –suavizo el término- que no soltaban las sillas. Y ahí sigue Izquierda Unida, resistiendo a los múltiples intentos de matarla.


No lo reprocho, cada cual es libre de tener su opinión y las puertas de esta organización siempre estuvieron abiertas para quien quiso entrar y para quien decidió salir. Lo que no comparto es el interés de algunos grupos y personas de quitar a quien está en un órgano por haber sido elegido con los apoyos que tuviese para colocarse en su lugar. Y lo podemos llamar de muchas formas: refundación exprés, “la dirección no permite discrepancias”, “quítate tú para ponerme yo”, etc. Estos grupos y personas han existido siempre, aunque cuando las diferencias no son políticas, sino orgánicas, hasta les sujetaría la puerta, un “puente de plata” que lo llaman.


Y lo he visto en los distintos ámbitos en los que he militado, con tácticas teóricamente diferentes pero casi calcadas en la práctica. Se hace una reunión de una parte en la que hay un poli malo que no forma parte en los órganos y pone de vuelta y media a las direcciones mostrándose indignadísimo, mientras que el poli bueno, que sí forma parte, apoya los argumentos del poli malo y cuando llega la asamblea o el órgano en cuestión levanta la mano como el resto o simplemente se abstiene y no se atreve a dar la guerra que daba cuando apoyaba al poli malo. Y ahora también juegan con el miedo. Que no vamos a sacar el porcentaje mínimo, que vamos a morir ya, que nos comen la tostada, etc. Pero es lo mismo de siempre.


Resulta curioso –por no llamarlo sospechoso- que cada vez que Izquierda Unida ha subido por encima del 10% en las encuestas alguien se ha inventado algo para frenarlo, sea en forma de transfuguismo, de renovación en los rivales o de aparición de nuevas fuerzas políticas. Mientras tanto las personas que nos creemos el proyecto de Izquierda Unida como un proyecto de largo recorrido seguimos apostando por el trabajo que siempre se ha hecho, que ahora llaman convergencia y siempre lo hemos llamado aglutinar fuerzas de la izquierda.


Pero ojo, entendiendo esa aglutinación, convergencia o como lo queramos llamar como una herramienta y no como un fin en sí mismo. Convergencia sí, pero en forma de alianzas políticas, no en forma de disoluciones ni en apoyo a agrupaciones de electores –esto último lo dicen hasta los órganos de IUCM-. Sólo desde la izquierda se puede converger para crear mayorías sociales que después transformen la sociedad.

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