La militancia

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Cuando está terminando una campaña electoral te encuentras con sentimientos encontrados. Por una parte nervios, la expectación del qué pasará y de querer conocer los resultados ya puede resultar inquietante; por otro lado un cierto alivio al saber que puedes tomarte, al menos, un día o una tarde para descansar, ordenar tus cosas o cualquier otra actividad de tu vida personal; pero ninguna sensación es mayor que la certeza de saber que sólo ha terminado una etapa, que el trabajo sigue, que la militancia no se acaba con las campañas electorales.


Además, con el tiempo vas conociendo tantos grados de participación y compromiso, que no te atreverías a dar una definición de manual, aunque sí a identificar rasgos que caracterizan a las militantes, a las de verdad, a las que se creen lo que hacen. Porque una militante demuestra dedicación, pero no quiere ser la primera. Sale a pegar carteles y a repartir folletos siempre, no cuando espera una recompensa. Participa de todos los espacios que tiene, sin pedir unos a su medida. Va a los actos porque se lo cree, no por aplaudir ni criticar. No busca fotos pero tampoco las rehúye, porque éstas le dan igual... y podría seguir, pero creo que está suficientemente claro. Quien va por la silla o no va porque no le gusta la silla no es militante. Porque la militancia es una obligación moral, un imperativo categórico.


Pero igual que aplicas tu moral a tus actos, aprendes a empatizar, a no cuestionar a quien tiene otros principios éticos, a comprender que tu grado de compromiso no es mejor ni peor que el de quien tienes al lado, sólo es el tuyo. Si eres militante y te comprometes, también aprendes humildad, a no golpearte el pecho ni pensar que has inventado lo que ya existe desde antes que tú, a no sentirte más pura que nadie (eso por aquí se llama izquierdismo). Y también aprendes lealtad, a saber de dónde vienes y no dejarte dorar la píldora por los voceros de aquellos que antes perseguían a los tuyos, a ser fiel a tus principios sin dejar de lado a tu gente.


Después, la campaña electoral termina. Se conocen los resultados y te vas a casa con la sensación del trabajo bien hecho, pase lo que pase, salga quien salga. Y descansas, que mañana hay que seguir trabajando

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